sábado, abril 12, 2008

Semiótica

A Flojanitos y a Flochío, desde el flow de mi corazón

Salgo a la calle con mi peinado de punketa del día anterior, sin pasarle siquiera un cepillo por encima. Toño me deja dos cuadras cerca del Starbucks y esa mínima distancia me da una grandísima flojera. Con mi aborrecimiento por el inglés y con mi hartazgo por haberme despertado “temprano” (son las 10, pero los sábados yo no existo antes de medio día) le pico el hombro a un gringuito para explicarle (pochamente) porqué no debe llevar la cámara colgada al hombro. Me extraño, porque antes nunca me hubiera preocupado por la cámara de ningún pinche gringo, pero tal vez me ha sensibilizado la imagen de los extranjeros el hecho de haber conocido al novio alemán de una amiga (al que una vez en la calle le gritaron “pinche gringo” y se regresó para aclarar: “no soy pinche gringo, soy pinche alemán”, obteniendo la simpatía del agresor -debo dejar de corregir tesis ajenas, estuve a punto de escribir “opteniendo”). So, llegué al Starbucks para enterarme de que no había café (mandeeeeeeeeeeeee?), yo juro que no hice pancho, pero el chavo que me atendió se super frikeó y me regaló un cupón para una bebida gratis, así que ya de buen humor me fui al siguiente Starbucks con la hueva de tener que caminar, y al llegar me di cuenta de que estaba lleno de niños, familias, y ñoñerías de esas. Pedí mi café y me regresé al primer Starbucks (qué mega hueva), donde el chavo se volvió a frikear y yo entendí “ah, ok, se trata de mis pelos parados”, pero es que con este corte, si no me los peino parados parezco ema y no es el caso que me golpeen en la calle. Aunque alardeo de ser malandra, es el puro alarde, me di cuenta porque ayer pensé que una amiga (la novia del alemán) iba a golpear a una wey y yo me shokié y no supe qué hacer. Pero es bueno que la genta crea que eres malandra, y vas a hacer pancho para que, como el chavo del Starbucks, te regalen bebidas (aaaah, ahora que recuerdo, lo mismo pasó en una tocada del huerco, jojojo), o mínimo para que respeten (dice To que cuando me encuentra en la calle y yo aún no lo he visto, traigo una cara mega hostil, y yo creo que ya la pongo en automático cada que tengo que usar el metro o andar en un lado que no sea ni por mi casa ni por mi trabajo, y eso, neta, me ayuda mucho, porque hace un buen que nadie me manosea -¿o será que ya no me subo al metro ni ando fuera de mi rumbo?, jojojojo). Pues bueno, mientras en el trabajo aprueban o no el curso de defensa personal (igual y no lo aprueban para que aquello no se convierta en un ring), mi nuevo corte de pelo me está ayudando, para asustar gringos, obtener bebidas gratis, evitar manoseos, y no tener que peinarme en las mañanas.

viernes, abril 04, 2008

hay dos cosas ingratas en esta vida: la escritura y la edición.
chingado.
yo me dedico a ambas.

martes, abril 01, 2008

Fue el día de "Necrologías"

A media presentación, un murmullo me distrajo del video creado con base en el libro de Toño. Volteé a buscar quién tenía tenta urgencia de hablar que interrumpía el momento. Se trataba de una mujer que le describía a un hombre cada una de las imágenes que se iban proyectando. ¿Qué mejor homenaje que el de alguien que, al no poder leerte, acude a tientas a escucharte?

¿Usted qué preferiría? ¿Hijos gordos o emos?

Hoy me refiero a la cosa esa como un kilo de pellejillos, odio que los Carls Jr se hayan convertido en guarderías y evito ir a cualquier lugar en donde haya niños. Pero sé que si un día me convierto en madre de la cosa esa ya no la llamaré cosa, sino por algún nombre lindo que pensaré y repensaré, veré a los niños como criaturitas del Señor y me arrepentiré del tatuaje (que estoy por ponerme).

A los niños deberían venderlos (y digo venderlos porque cuesta un ojo tener a los condenadillos esos) a una edad en la que ya no berreen ni pidan comida cada dos horas. A una edad en la que ya estén formados y uno no tenga la culpa de haberles metido ideas raras en la cabeza. Que ya hayan pasado por la adolescencia para evitar traumas (no les vaya a dar por convertirse en emos, ¿uno para qué quiere un hijo madreado?) y que sepan ganarse la vida solos (mantenidos en la casa, no).

El sábado en el Carls vimos una niña gorda a la que se le veían los calzones. La gente no debería tener hijos gordos, y menos dejarlos sueltos por ahí, a riesgo de que muestren los calzones, ¿qué culpa tenemos los demás de sus pésimos métodos anticonceptivos?

Tanto mis padres como mis suegros quieren ser abuelos, pero yo me sordeo y paso de largo con singular alegría. Mientras no tenga un kilo de pellejillos que alimentar cada dos horas, seguiré huyendo cada vez que un niño me pase cerca (uno no sabe cómo pueden atacar: con mocos, manos llenas de mermelada, pañales sucios, puaj). Ya después tendré oportunidad de convertirme en una ñora que le diga "hijito" a cuanto niño (feo o bonito) vea por la calle.

Qué horror.

Y a todos los que tiran mierda y lodo: me preocupa más lo que diga un loro

¿a poco no sabías que no me interesan las cosas que tú dices pa mí son palabras huecas...
así que sigan inventando, tirando y difamando para bien o para mal mientras de mí sigan hablando

domingo, marzo 30, 2008

La semana de colores


Hay dos niñas güeritas que comen un arroz mojado que más bien parece engrudo, porque es el día en que son perros.
Yo releo La semana de colores en un tiempo que corre en una línea que jamás se cruza con los relatos. No recuerdo si en la Facultad lo leí en copias o en libro. Si lo leí en libro, había uno solo que nos rolábamos todos, porque La semana de colores no existía en librerías, no estaba por ninguna parte. Tal vez lo había publicado en algún momento Castillo, pero Castillo ya ni siquiera existe (o al menos ese es el rumor). En mi tiempo (el que sí corre cronológicamente, no como el de las güeritas convertidas en perros), encontré ayer este libro y me lo llevé a mi casa. La edición está fea, sí, y un poquito descuidada, pero se agradece el rescate del título.
Hay dos güeritas que miran con ojos de niño la muerte y la lujuria. En un día entre cuatro lunes y un sábado.
-Domingo no está. Se fue a la feria con los otros días... De todas es la más mala: lujuriosa y despilfarrada. No he podido acomodarle la virtud que le atajaría el vicio... Cuando me toca visitarla, me hace sudar sangre, pero yo también se la saco. La dejo rayándola a chicotazos...
¿Qué decir del libro? La pura autora basta y sobra para que el libro sea indispensable.
La semana de colores. Elena Garro. Editorial Porrúa. México, 2006.

mi gatita


sábado, marzo 29, 2008

es que

1. me fui a Mty, y allá, la neta, me daba hueva;
2. cuando regresé cambié de puesto en el trabajo, y estaba toda engentada y no me acordaba de postear;
3. hoy no iba a postear porque me duele la cabeza (pa variar).
4. ya me aburrió el diseño de mi bló, pero en esta compu no tengo el dreamwaver pa hacerle más cositas.

(razones por las que tenía días sin postear)

viernes, febrero 29, 2008

Acabo de leer en una convocatoria:

Cada autor podrá participar con un mínimo de uno y un máximo de diez cuentos.

...este... sí. Ha de estar cabrón ser jurado si el mínimo es cero. ¿Cuándo termina uno con tanto participante?

jueves, febrero 21, 2008

la rival más débil

Me pasé dos días haciendo entrevistas. No imaginé que hubiera tantas niñas dispuestas a sustituirme (yo me voy a un lugar más feliz). Ya en diversas ocasiones he entrevistado gente para "x" o "y" puesto, y por más, no aprendo a interrogar bien a la gente. Nunca me meto en su vida privada, como si viven en unión libre o si tienen hijos; tampoco les hago preguntas que les causen nerviosismo, y tengo tan corazón de pollo para esas cosas que quiero contratarlos a todos, absolutamente a todos. Después, cuando hay "empates" en los curriculums o en las pruebas, no logro recordar quién era quién, ni cómo le fue en la entrevista (por eso sugiero: no usar café, negro ni gris, como todo mundo cree que eso es la formalidad, llegan todos iguales y a uno se le dificulta más recordarlos). En general, soy super buena onda a la hora de elegir, para mí, todos salieron super bien, son muy desenvueltos, inteligentes, seguros, etc. Por lo general soy así, y en menos de dos horas olvido realmente qué me respondieron en la entrevista y sólo recuerdo los zapatos bonitos, el corte de pelo de estética cara o el maquillaje impecable, pero hay una respuesta que nunca nunca nunca olvidaré. Me la dijo la que se presumía que sería la mejor de las candidatas: me estaba interesando mucho su curriculum, le estaba preguntando acerca de su último proyecto, ya estaba yo en actitud de no querer entrevistar a nadie más porque sentía haber encontrado a la elegida, y entonces le digo "así que estás muy bien en tal tema." "Claro -contesta-, soy hija del Tec", y para colmo, agrega: "Desde primer semestre andaba con mi laptop".
jajajajajaja
digo, se vale pasarse de mamón, pero no pasarse de pendejo. Independientemente de creer que 1. por ser del Tec sabe más que los demás o sabe todo lo que hay que saber y 2. que los que estudiamos en escuela pública no tuvimos laptop... ¿de qué me sirve a mí una persona con el cerebro lavado con pinol, cloro, y quién sabe cuánto ácido? Muchas gracias, bye. Para mi felicidad, en las pruebas le fue peor que a todos.
Siempre en los curriculums me fijo bien qué estudiaron, qué dominan, los tanteo para saber si saben de equis o ye tema. Realmente no me importa si son de universidad pública, privada, o de plano autodidactas. Me importa que sepan hacer bien las cosas.
"Soy hija del Tec", jajajaja, y yo que estuve en universidad pública tengo el puesto al que aspira una niña que gastó 30 veces más en educación que yo. Una vez más me queda claro: vale madres la institución de la uno egrese, el que quiere aprender busca cómo, el que quiere seguir en su pendejez no va a tener que hacer ningún esfuerzo. Uno succiona el conocimiento de donde se pueda, creer que si ya se pagó por él va a entrar automáticamente en el cerebro... vaya, primer error, la gente con esa actitud seguirá por la vida sin aprender gran cosa. Mejor gasten su dinero en ropa bonita, y aprendan a no hablar si no es absolutamente necesario. Chance y pegue en las entrevistas.
Adiós.